¿Qué es la PNL estratégica?
No es una técnica más que aprender. Es una forma de mirar la estrategia que produce un resultado, antes de intentar cambiarlo.
Quizá te haya pasado leer algo sobre la PNL, encontrarlo interesante y, unos días después, encontrarte reaccionando como siempre.
La misma reunión. La misma discusión en casa. La misma decisión aplazada.
Has aprendido algo nuevo. Aun así, el resultado no ha cambiado.
¿Y si la cuestión no fuera conocer más herramientas, sino ver qué se repite antes de usarlas?
¿Qué es la PNL, antes que nada?
En el origen de la Programación Neurolingüística hay una pregunta: ¿qué hacen diferente las personas que obtienen resultados excepcionales?
Richard Bandler y John Grinder, los cofundadores, empezaron a observar a profesionales capaces de obtener resultados particularmente interesantes, como Virginia Satir, Milton Erickson y Fritz Perls.
No buscaban solo entender qué hacían. Buscaban reconocer cómo lo hacían.
La diferencia que hace la diferencia.
¿Qué estrategias utilizaban? ¿Cómo organizaban su propia experiencia? ¿Qué elementos de su comportamiento y de su comunicación podían describirse, aprenderse y reproducirse?
De este trabajo de modelado se desarrolló la PNL.
El nombre encierra tres dimensiones: el sistema nervioso a través del cual percibes, el lenguaje con el que atribuyes significados y el modo en que organizas estos procesos hacia un resultado.
Si quieres profundizar en sus orígenes, encuentras una explicación más amplia en qué es la PNL.
Pero volvamos a la pregunta inicial.
¿Qué estás haciendo, dentro de ti, cuando obtienes un resultado que no querías?
¿Por qué «estratégica»?
En la Premium propongo una idea sencilla:
Si un resultado tiene una estructura, esa estructura puede comprenderse, aprenderse y replicarse.
Vale para los resultados que deseas.
Y vale también para los que sigues obteniendo sin quererlo.
Piensa en un comportamiento que repites desde hace años. Al principio puede haber sido una respuesta elegida conscientemente. Después, repitiéndola, se fue volviendo cada vez más automática.
Hasta que ya no dices «lo hago», sino «soy así».
Y aquí ocurre algo interesante.
Una cosa es decirte:
«¿Qué hay de malo en mí?»
Otra es decirte:
«He utilizado una estrategia que, en esta situación, no es útil.»
La primera frase cierra sobre la identidad. La segunda abre una posibilidad.
Es la misma mirada que aprendí a utilizar como ingeniero.
Cuando aparece una grieta en una pared, esa grieta es un efecto. Para comprender su origen debo observar la estructura, las condiciones y las solicitaciones que la han producido.
Reparar solo lo que veo podría no resolver el problema.
Con los comportamientos repetidos el principio es parecido: antes de buscar una técnica para cambiar el resultado, empiezo a observar cómo se produce ese resultado.
¿Qué frase te dices cuando algo sigue repitiéndose?
¿Qué observa, exactamente?
Antes que nada, el estado en el que te encuentras mientras vives una situación.
No es tu carácter. No es tu identidad. No es tu destino.
Es una configuración temporal.
En el modelo que utilizo, cuatro elementos contribuyen a organizarlo: fisiología, foco, representaciones internas y diálogo interno.
Si quieres profundizar en ellos, encuentras una explicación en qué es un estado interno.
Observo también el mapa: el modo en que representas lo que ocurre.
El hecho es una cosa. El significado que le atribuyes es otra.
Dos personas pueden vivir la misma situación y construir a partir de ella experiencias muy diferentes.
Y la misma persona, en estados diferentes, puede reaccionar de modos diferentes ante una situación parecida.
No reaccionamos solo a los eventos. Reaccionamos también al estado en el que nos encontramos mientras los vivimos.
Piensa en la última vez que dijiste algo de lo que, poco después, te arrepentiste.
¿En qué estado te encontrabas, justo en ese momento?
¿Dónde entra la elección?
Entre lo que ocurre y tu respuesta puede abrirse un espacio.
Es ahí donde puedes empezar a intervenir.
Cuando no reconoces ese espacio, el piloto automático toma el control: reaccionas como ya has reaccionado muchas otras veces.
Imagina una noche, después de un día particularmente complicado.
Vuelves a casa. Estás cansado, quizá irritado, y la primera persona que encuentras recibe tu estado de ánimo, aunque no tenga nada que ver con lo que ocurrió.
En la Premium propongo un pequeño experimento.
Antes de entrar, detente un momento. En el rellano o en el coche.
Endereza la espalda. Levanta la cabeza. Haz unas cuantas respiraciones profundas.
Observa cómo cambia tu estado.
Luego entra.
No has cambiado el día. Has cambiado el estado con el que lo cuentas.
Y si cambias el estado, puedes descubrir que cambia también el modo en que eliges responder.
¿Cuándo elegiste por última vez, en lugar de reaccionar?
¿Cómo se usa en las conversaciones?
En el trabajo, en casa, en una negociación, las palabras pueden abrir o cerrar posibilidades.
La PNL estratégica no consiste en buscar una frase eficaz para utilizar en cualquier ocasión.
Consiste en reconocer lo que está ocurriendo y elegir cómo organizar la comunicación.
En el libro propongo una secuencia:
Primero construyes la relación.
Luego utilizas un lenguaje que abre posibilidades.
Después haces preguntas para recuperar la información que falta.
Por último, orientas la conversación hacia una nueva representación o una acción concreta.
Es lo que llamo el doble carril del lenguaje.
Imagina esta conversación.
Un colaborador te dice:
«Nunca consigo terminar a tiempo.»
Podrías responder:
«Tienes que organizarte mejor.»
Pero ¿qué has comprendido realmente de su dificultad?
Probemos de otra manera.
«Entiendo, cumplir los plazos en este periodo no es fácil.»
Primero reconoces la situación, sin juzgar.
Luego abres un espacio:
«Veamos si logramos identificar algo que pueda ayudarnos.»
E introduces una pregunta precisa:
«Me has dicho que nunca lo consigues. ¿Hubo al menos una vez en que lograste cumplir los plazos?»
Él reflexiona.
«Sí, el mes pasado, cuando dividimos el trabajo en dos entregas.»
Ahora has recuperado una información que antes no estaba disponible.
Puedes orientar la conversación:
«Interesante. ¿Qué de esa manera de trabajar podríamos utilizar también en este proyecto?»
No le has dado la solución. Le has mostrado un camino que ya había recorrido.
Y sobre todo no has tenido que interpretar lo que pensaba ni imaginar las causas de su comportamiento.
Has hecho preguntas.
Has recuperado información.
Has ampliado las posibilidades.
¿Qué frase, en tus conversaciones, contiene un «nunca» o un «siempre» que nadie ha verificado todavía?
¿Es una terapia?
No.
La PNL estratégica, en mi trabajo, no es psicoterapia y no se propone para diagnosticar ni tratar trastornos clínicos.
Estos ámbitos requieren las competencias de profesionales sanitarios habilitados.
Si quieres comprender mejor los límites de las distintas actividades, encuentras un desarrollo más amplio en PNL, coaching y psicoterapia.
Y si te preguntas qué resultados de la PNL están respaldados por la investigación científica, hablo de ello abiertamente en ¿funciona la PNL?.
Algunas afirmaciones de la PNL no han recibido confirmaciones científicas suficientes. Es importante saberlo y distinguir las experiencias personales de las evidencias disponibles.
Antes de fiarte de una herramienta, puedes preguntarte qué promete y qué no promete.
¿Por dónde se empieza?
Se empieza por ver.
Solo después se interviene.
En el recorrido que propongo, el Volumen I está dedicado a reconocer la estructura. El Volumen II profundiza en las herramientas para intervenir.
En la página dedicada al método cuento cómo nace este enfoque.
Si deseas partir de las bases, el Volumen I es el primer paso.
Las personas ven los efectos. Pocas ven la estructura que los genera.
Entonces te dejo una pregunta.
¿Qué efecto, en tu vida, te gustaría empezar a mirar desde otro lado?
Un pequeño ejercicio
No hace falta empezar por una situación particularmente difícil.
Elige una que conozcas bien. Algo que tiende a repetirse.
- Elige una situación. Una discusión, una decisión aplazada, una reacción que te gustaría modificar.
- Reconoce la frase. Escribe exactamente qué te dices en ese momento. Usa tus palabras, sin corregirlas.
- Desplaza la atención de la identidad al comportamiento. Si has escrito «soy así», prueba a transformarlo en «me comporto así cuando…». Si has escrito «no lo consigo», prueba a especificar qué, exactamente, todavía no consigues hacer.
4. Haz tres preguntas, en este orden. - «¿Qué me hace decir que no puedo hacerlo?» - «¿Qué necesitaría para conseguirlo?» - «¿Qué pasaría si lo consiguiera?»
- Observa. Relee la frase inicial y compárala con las respuestas. ¿Qué notas? ¿Ha cambiado algo en el modo en que representas la situación?
No tienes que producir necesariamente un cambio inmediato.
El objetivo del ejercicio es empezar a ver algo que antes se te podía escapar.
Y desde ahí explorar posibilidades diferentes.
Para ir más a fondo
Has visto que la PNL estratégica no parte de la técnica.
Parte de la observación de la estrategia que genera un resultado y de la posibilidad de intervenir en su estructura.
En la la Edición Premium de PNL Estratégica – El Filo Invisible profundizo en los presupuestos de la PNL, las técnicas para trabajar sobre las creencias y las aplicaciones del doble carril del lenguaje en el trabajo, en la venta y en los conflictos.
Encontrarás modelos, tablas y ejemplos prácticos para pasar de la observación a la intervención.
Pero también puedes empezar por algo mucho más sencillo.
La frase que has escrito en el ejercicio.
Quizá, releyéndola ahora, notes algo que antes no habías considerado.
Para profundizar:
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