¿Funciona la PNL?
¿Funciona la PNL? Es una pregunta legítima y merece una respuesta honesta: qué dice la investigación, por qué tantas personas la encuentran útil, cómo la uso en mi trabajo y dónde termina su campo.
¿Qué dice la investigación científica sobre la PNL?
Las revisiones de la literatura científica son, hasta ahora, críticas. En 2010 el psicólogo Tomasz Witkowski analizó 33 estudios publicados en revistas científicas: una minoría respaldaba los presupuestos de la PNL, la mayoría no, y los estudios contrarios eran los más sólidos desde el punto de vista metodológico. En 2012 una revisión sistemática publicada en el British Journal of General Practice encontró pocas pruebas de que la PNL mejore la salud, y señaló como principal limitación la escasez de investigaciones de buena calidad. Las críticas más contundentes se refieren a algunas ideas tomadas al pie de la letra, como el sistema representacional preferido y los movimientos oculares como indicadores fiables del pensamiento.
Pero hay que considerar qué se ha estudiado: sobre todo la PNL como terapia, y algunas de sus afirmaciones aisladas. La PNL, tal como la presento en mis libros y la uso en mi trabajo, no es una terapia y no se ocupa de temas clínicos, que siguen siendo competencia de profesionales cualificados. Es un modelo para observar cómo construimos nuestra experiencia: cómo percibimos, comunicamos, decidimos y repetimos los mismos esquemas, para aprender a reconocerlos y elegir otros nuevos. Sus presupuestos no son verdades que aceptar, sino claves de lectura: no piden ser creídos, piden ser observados, aplicados y verificados en la práctica.
¿Por qué entonces tantas personas dicen que funciona?
Porque lo experimentan directamente. Muchos de nuestros comportamientos son automatismos aprendidos: una experiencia deja una huella, la huella se convierte en un esquema, el esquema en un automatismo. La PNL ofrece preguntas, distinciones y herramientas para hacer visible este proceso, y cuando un esquema se hace visible, vuelve a ser posible elegir. Es el paso de la reacción a la elección: la conciencia no cambia enseguida la realidad, pero cambia inmediatamente el punto de partida. A esto se suma la práctica. Quien aplica las herramientas con constancia, sobre objetivos concretos, observa cambios en su manera de comunicar, decidir y afrontar las situaciones. La experiencia personal no es una prueba científica, pero es precisamente el tipo de verificación que pide la PNL: observar qué cambia, en la propia vida, cuando se aplica lo aprendido.
¿Qué ideas de la PNL encuentran respaldo en otros campos de investigación?
Varias ideas que la PNL utiliza desde hace décadas han sido estudiadas, con otros nombres, por la psicología. La reestructuración, es decir, cambiar el significado atribuido a una experiencia, se acerca a lo que la investigación sobre la regulación emocional llama reevaluación cognitiva, una de las estrategias más estudiadas. El acompasamiento en la base del rapport tiene un paralelo en los estudios sobre la imitación espontánea, que favorece la sintonía entre las personas. El trabajo con objetivos concretos y verificables recuerda la teoría del establecimiento de metas de Locke y Latham. Por eso en mis libros acompaño las herramientas de la PNL con los resultados de la psicología: las heurísticas y los sesgos cognitivos estudiados por Kahneman y Tversky, la granularidad emocional de Lisa Feldman Barrett, el modelo circumplejo de Russell, la investigación sobre los hábitos. La PNL ofrece el modelo operativo; la investigación ayuda a entender por qué ciertas herramientas funcionan.
¿Cómo uso la PNL en mi trabajo?
Como ingeniero trabajé durante más de veinticinco años en obras, y aprendí que detrás de cada resultado hay una estructura. Uso la PNL con la misma mirada: para ayudar a las personas a reconocer la estructura invisible que orienta sus decisiones. Mi método, The Invisible Blade Method™, avanza en tres fases: reconocer la estructura que genera un resultado, intervenir en los mecanismos que lo mantienen, integrar el cambio para que esté disponible en la vida cotidiana. En la práctica trabajo sobre decisiones que tomar, objetivos que alcanzar, esquemas que se repiten en las relaciones y en el trabajo, y la comunicación con compañeros, clientes y familiares. Lo hago en los libros, en los cursos y en los procesos de coaching, siempre con el mismo principio: no pido creer en algo, pido observar, aplicar y verificar.
¿Cuándo no basta la PNL?
Cuando se está ante una condición clínica, es decir, ante un trastorno psicológico o psiquiátrico: en todos aquellos casos que requieren la evaluación de un médico, un psicólogo, un psicoterapeuta o un psiquiatra. No son temas que afrontar con un libro o con un proceso de coaching. Lo escribo también en mis libros: la PNL, tal como la presento, no se aplica a cuestiones clínicas o psicopatológicas, que son competencia exclusiva de profesionales cualificados.
La PNL sirve a quien se siente bloqueado en situaciones que ya no desea, a quien quiere cambiar hábitos para vivir de forma más sana y con más energía pero no encuentra la manera adecuada, a quien quiere comunicar con más eficacia, decidir con más claridad, alcanzar sus objetivos e interrumpir esquemas que se repiten. En estos casos puede ser un aliado valioso. Y si un proceso personal hace aflorar algo más profundo, el paso correcto es confiar en quien tiene las competencias para afrontarlo.
